Estar con él es casi tan fácil como
respirar, después de una maratón y considerando que soy asmática, de todas maneras
dicen que lo fácil viene, fácil se va y digo casi, porque fácil es lo que menos
él es, con sus miedos, su inmadurez, sus defectos, sus cicatrices, pero aún así
el siempre está dispuesto a curar las mías primero y no ha dejarme curar las
suyas. Siempre preocupado de que es lo que me pasa, pero jamás dejándome ver
que es lo que a él le pasa, pero por muy raro que parezca, todo esto tiene
sentido en una extraña y ridícula manera, el quererlo, el que él me quiera,
todo esto, tiene sentido, en la más retorcida, extraña y ridícula manera, querer
no siempre es fácil, no quiero que lo sea, no siempre es simple, no me interesa
que lo sea, no siempre es perfecto, pero podemos hacerlo perfectamente
imperfecto. No necesito palabras lindas ni demostraciones de afecto constantes,
los “te quiero” se los puede llevar el viento, lo que yo quiero es uno brazos
que me refugien incluso cuando creamos que no parará de llover jamás, una mano
que me tome cuando esté a punto de tropezar con mis propios pies, una sonrisa
que me diga que de alguna u otra manera los días mejorarán, es por esto que sé
que estar con él no es fácil, no es simple, no es perfecto, porque ni él ni yo
tenemos personalidades pequeñas, somos enojones, gritones, quisquillosos, pero
a pesar de ello en nuestra propia retorcida y rara manera estar juntos es
perfectamente imperfecto.
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